25 mar 2012

lección ecológica


En la fila del supermercado, el cajero le dice a una señora mayor que debería traer su propia bolsa, ya que las bolsas de plástico no son buenas para el medio ambiente.
La señora pide disculpas y explica: "Es que no había esta moda verde en mis tiempos."
El empleado le contestó: "Ese es ahora nuestro problema. Su generación no puso suficiente cuidado en conservar el medio ambiente."

Tiene razón: nuestra generación no tenía esa moda verde en esos tiempos: En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosa y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la fábrica para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que se podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.

Pero lleva razón, no teníamos esta moda verde en nuestros tiempos.
Subíamos las escaleras, porque no había escaleras mecánicas en cada comercio ni oficina. Íbamos andando a las tiendas en lugar de ir en coches de 300 caballos de potencia cada vez que necesitábamos recorrer 200 metros.

Pero tiene Vd. toda la razón. No teníamos la moda verde en nuestros días.
Por entonces, lavábamos los pañales de los bebés porque no los había desechables. Secábamos la ropa en tendederos, no en secadoras que funcionan con 125 voltios.La energía solar y la eólica secaba verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.
Pero está en lo cierto: no teníamos una moda verde en nuestros días.

Entonces teníamos una televisión, o radio, en casa, no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo, no una pantallota del tamaño de un estadio de futbol.

En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hiciesen por nosotros. Cuando empaquetábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no cartones preformados o bolitas de plástico.

En esos tiempos no arrancábamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el césped; usábamos una podadora que funcionaba a músculo. Hacíamos ejercicio trabajando, así que no necesitábamos ir a un gimnasio para correr sobre cintas mecánicas que funcionan con electricidad.

Pero claro que está Vd. en lo cierto: no había en esos tiempos una moda verde.
Bebíamos del grifo cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico cada vez que teníamos que tomar agua.

Recargábamos las estilográficas con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las cuchillas de afeitar en vez de tirar a la basura toda la maquina afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.
Pero, eso sí, no teníamos una moda verde por entonces.

En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o el autobús y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o andando, en lugar de usar a su mamá como taxista las 24 horas.

Teníamos un enchufe en cada habitación, no un regleta de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales desde satélites situados a miles de kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima.
Así que me parece lógico que la actual generación se queje continuamente de lo irresponsables que éramos los ahora viejos por no tener esta maravillosa moda verde en nuestros tiempos.

Envíale esto a otra persona que piense que ya está
bien de recibir lecciones de ecología

4 mar 2012

circulos

 "Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir" Françoise Sagan

Cerrando Círculo - Paulo Coelho.


Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistes en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos, como quieras llamarlo. Lo importante es poder cerrarlos, y dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó tu trabajo?, ¿Se acabó tu relación?, ¿Ya no vives más en esa casa?, ¿Debes irte de viaje?, ¿La relación se acabó? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente "revolcándote" en los por qué, en devolver el cassette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida, tú, yo, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir!
Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos, y vender o regalar libros.


Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente…

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú… Suelta el resentimiento. El prender "tu televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando "puertas abiertas" por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de aclaraciones? , ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos. Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino, porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida.
Recuerda que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo. Nada es vital para vivir porque cuando tú viniste a este mundo, llegaste sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir.
Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr, porque te repito: nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Por eso cierra, clausura, limpia, tira, oxigena, despréndete, sacúdete, suéltate.


Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojas, te ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!

6 feb 2012

cambiar de acera

CAMBIAR DE ACERA -Elvira Lindo.

Muchos años después, o tal vez no tantos, unos 10, los de esa década en que tantos secretos comenzaron a revelarse, volviendo a casa una noche a través del corazón de Chueca, me lo encontré. Lo que en tiempos fuera panículo adiposo parecía querer transformarse, sin éxito total, en músculo; el pelo ralo había sido recortado; la barba de barrio, frondosa y descuidada, había desaparecido; dos patillas de jovenzuelo le enmarcaban la cara y había cambiado las gafas metálicas por unas de concha. Parecía otro, pero detrás del hombre customizado por las modas seguías encontrándote la sonrisa acogedora de padre de familia, del buen hombre concienciado y batallador que yo había conocido 10 años antes, en mi barrio. Nos besamos y él entonces llamó a un muchacho. No para presentármelo, sino para que se retirara del centro de la calle donde quedaban los últimos valientes de una manifestación. La policía iba a cargar y era mejor retirarse. Yo le dije aquello que nunca se debe decir: "qué guapo tu hijo", o sea, aquel niño que yo recordaba, una de esas criaturas que los padres llevaban a hombros en las manifestaciones de otro tiempo. El muchacho se acercó, modernete, sin haber alcanzado aún la categoría de hombre, y cuando ya no quedó más remedio que encarar las presentaciones, el viejo camarada dijo: "es mi pareja". Menos mal que yo ya tenía mundo suficiente como para no meterme en el embarazoso jardín de pedir disculpas y pasamos a hablar de esos hijos reales que eran mayores que el muchachillo. Yo dije: "cómo pasa el tiempo", que es una frase que no sirve para nada salvo para evitar pronunciar otra más desafortunada. No es el único caso que he conocido, pero sí el que me hizo más impresión, por aquello de que los varones militantes de izquierda solo entendían la apertura sexual en un sentido, no eran muy dados a las aventuras capilares (salvo la consabida barba) y eran refractarios a los cambios de acera. Siempre me ha producido satisfacción pensar que la vida ofrece segundos, terceros actos en los que es posible dar un giro que remedie los errores del pasado. El escritor John Cheever encontró la comprensión de su mujer cuando, en una vejez prematura producto del alcoholismo, pudo convivir con su familia y con el que sería un último amor homosexual no clandestino. Pero también me irritan esos abanderados de la confesión obligatoria, aquellos que disfrutan malévolamente pronunciando nombres de supuestos gais que prefieren seguir refugiados en su armario. Tengo viejos amigos gais con los que jamás he hablado ni hablaré nunca sobre el asunto. Sé que mantienen un pudor generacional que en absoluto desearía vulnerar. ¿No es el respeto al silencio la manera más sutil de expresar el cariño?


En los últimos días me encontré en la prensa una polémica interesante. Tenía que ver con la actriz Cynthia Nixon, sí, esa, esa pelirroja de las cuatro chicas de Sex and the City. Actriz desconocida para el público español hasta que se hizo popular gracias a la serie, pero en Estados Unidos considerada una intérprete muy solvente y uno de esos casos raros en que una niña prodigio, como ella fue, continúa trabajando en los singulares años de la adolescencia y se reconvierte en una gran actriz madura gracias a no haber caído en la trampa de ejercer de tía buena con fecha de caducidad. Cynthia Nixon, tras años de matrimonio con hijos, se divorció y se emparejó con una mujer con aspecto de chicarrón de Minnesota. Lo que podría haberse considerado entre los círculos lésbicos (o bolleriles, como preferirían mis amigas del gremio) como una victoria histórica, se convirtió en polémica agria de la manera más boba. De la misma manera que hay recalcitrantes heterosexuales que temen a la homosexualidad como si esta se pudiera contagiar, también hay en ese colectivo del otro lado de la calle una exigencia moralista a ser de una sola pieza. A la señora Nixon no se le ocurrió otra cosa que atreverse a decir que no se trataba de que ella hubiera estado ocultando su verdadera identidad sexual durante toda su vida. Eso, decía, me dejaría en un papel de boba, de inconsciente. La actriz afirmaba haber amado a su marido y a otros hombres con los que tuvo affaires. El colectivo lésbico, como una madre autoritaria de mil cabezas, le echó una buena bronca: si Cynthia aseguraba que su lesbianismo es una opción, le da la razón a aquellas personas que piensan que la homosexualidad se puede curar. Blanco o negro, ya se sabe. Pero la señora Nixon no cede un milímetro ni permite que nadie analice las razones de su corazón. Quiere que sus hijos piensen que fueron el fruto de un amor verdadero con un hombre, igual que lo es el bebé que ahora acaba de tener con su nueva mujer. Siempre sorprende la presión de los colectivos: por un lado, quieren defender a sus pares, pero, por otro, les exigen que no se salgan de la plantilla, que sean siempre fieles a sus inclinaciones, que no crucen la acera, que no se contaminen. Incluso he llegado a leer por esas redes de Dios a militantes de la homosexualidad que se sorprenden, incluso se indignan, porque haya gais de derechas. Como si la tendencia sexual llevara implícito el partido al que votas. Por fortuna, el corazón tiene razones que la razón no entiende. -

Es una de las escritoras españolas junto con Almudena Grandes, Rosa Montero, Maruja Torres, Carmen Posadas, de las que las me gustan tanto sus libros como sus columnas en los periódicos, los artículos de Elvira Lindo me encantan porque tiene una sencilla forma de contar algo, Rosa Montera tiene unos libros que me han enganchado y sus artículos son poéticos y a la vez sencillos que te dejan pensando, Maruja me encanta el sarcasmo que destila en sus articulos, sin mencionar la ironia y la mala leche, Almudena antes me gustaba más, ahora se repite, pero su forma de llegar a la emoción en unas palabras, el uso de los adjetivos es de lo mejor, de una manera u otra todas me dicen algo.

11 ene 2012

genie

Los casos de niños aislados y sus consecuencias siempre me han fascinado, este es un trabajo que tuve que hacer en el ciclo, me sobrecogió la historia, desgraciadamente se han dado varios casos de parecidas características, igual os sirve en un futuro trabajo.


En 1970, unos trabajadores sociales alertaron a la policía de que una madre se había presentado con una niña en evidente estado de desnutrición y con señales de maltrato, la madre cansada de los abusos del marido, había huido llevándose a los niños con la madre.

Los padres de Susan (es su verdadero nombre), sufrían de frecuentes desavenencias, la madre padecía de ceguera progresiva, el padre por su parte tenía un cuadro depresivo que se agravó en un accidente de coche en el que murió su madre, abusaba de su mujer propinándole frecuentes palizas y sentía un odio innato hacía los niños.

A causa de todo ello, el padre había intentado matar a su esposa varías veces, habían tenido hijos antes de que naciera Susan pero el padre no los soportaba, los encerraba para no oírlos llorar, el mayor murió de una neumonía, el siguiente niño murió unos días después de nacer y el tercero nació con problemas sanguíneos incompatibles, la abuela se lo llevó y poco después nacería Susan, la cual tuvo una dislocación congénita de cadera y problemas de aprendizaje ya que no aprendió a hablar hasta los 20 meses, el padre se negó a tratarla, a que le pusieran una prótesis y a la necesidad de una fisioterapeuta, tampoco quiso que su madre la ayudara.

Para agravar aún más las cosas, con 14 meses la niña padeció fuertes fiebres que le provocó una neumonía, el padre no soportaba ni verla ni oírla y antes de cumplir los veinte meses la encerró en una pequeña habitación atada a una silla-orinal, pasaba los días encerrada, sin salir y por la noche el padre la metía en una bolsa de dormir, atándola y colocándola en una pequeña jaula. Tenía prohibido hacer cualquier ruido, incluso sonidos, si lo hacía el padre la pegaba y la trataba como un animal ladrándola, haciendo que su hermano hiciera lo mismo.

La habitación estaba sellada, no tenía ningún tipo de acceso ni a la radio ni la televisión y no tenía vistas a la calle, sólo sabía unas veinte palabras, cortas y negativas.

Así hasta que la niña cumplió los trece años, sin haberle enseñado nada, ni siquiera lo básico, no se la llevaba al baño y la comida consistía en papillas, purés y huevos crudos, sin utensilios, así que cuando la encontraron tenía un cuadro desolador ya que presentaba síntomas de malnutrición, ausencia de lenguaje, síntomas de maltrato y abandono, no sabía masticar, carecía de casi todo, era un pequeño animal.

Un caso extremo de aislamiento provocado por un padre neurótico y depresivo al que la madre estaba sometida, el padre creía que la niña no sobreviviría mucho, pero cuando la madre consiguió escapar llevándosela, el padre se suicidó.

Como la situación económica de la madre era extrema y no podía operarse de la vista, decidió presentarse en una oficina de beneficencia. La trabajadora social que la atendió observo el comportamiento extraño de la niña: llevaba pañales, miraba puntos indefinidos en el espacio, fallaba en la coordinación y el equilibrio así como la emisión de ruidos infantiles. Pensó que era autista y que no tendría más de siete años, al descubrir la verdad, llamó a su superior el cual avisó a la policía que se presentó de inmediato, acusaron a los padres de negligencia y maltrato infantil, a la madre la justificaron aduciendo maltrato y a la niña se la llevaron.

Al ingresar a la niña en el Hospital observaron el comportamiento extraño de ella, ya que arañaba, escupía, estornudaba y andaba como los canguros.

El caso se hizo público y creó un enorme revuelo tanto a nivel científico como social creando un gran debate en Psicología cuestionando la importancia de la herencia y del medio en el desarrollo del lenguaje.

La pregunta que rondaba era si la niña era retrasada desde el nacimiento o a causa del aislamiento, ya que no tuvo nadie con quien hablar durante más de diez años.

El caso causo furor, tanto que vinieron especialistas en lenguaje, Psicólogos, Psiquiatras que quisieron estudiarla, aportar datos, ofrecer ayuda y sus conocimientos, otros eran más escépticos, se cuestionaban si era posible aprender a esa edad, y qué tanto influye el ambiente en el desarrollo de las habilidades lingüísticas, sobre todo. Fue por esa época que lingüistas como Lennenberg y Chomsky establecían una crítica contra las teorías del lenguaje, el segundo postulaba la teoría de que en nuestro cerebro existe un órgano de lenguaje genéticamente programado, que consiste en estructuras neuronales específicas, programadas para aprender la gramática y la sintaxis de cualquier lenguaje

Por esa época se estrenó la famosa película de Truffaut, “el pequeño salvaje” que narra la historia de Víctor, el niño salvaje encontrado en los bosques de Aveyron, quizá el caso mejor documentado de niños ferales, el equipo que llevaba el caso de Genie al ver la película, consideraron que había bastantes similitudes en ambos casos quedando asombrados de los progresos de Víctor y pensaron que podrían conseguir lo mismo con ella.

Pero la diferencia entre estos casos es que en el caso de Víctor aún no se había llegado a la etapa crítica en cuanto a la adquisición del lenguaje que según varios expertos está en la pubertad y Genie ya había pasado esa fase crítica del aprendizaje. Si hasta la pubertad no has desarrollado el lenguaje es difícil aprenderlo porque la infancia es una etapa muy crucial para el desarrollo del lenguaje y las neuronas cerebrales con el tiempo se desactivan y es muy difícil que se vuelvan a activar. El tejido nervioso dañado se pierde para siempre, aunque el cerebro es tan sorprendente que puede conseguir realizar nuevas “sinapsis” o uniones entre ellas para realizar ciertas actividades en conjunto.

Los profesionales que intervinieron en el caso de Genie tenían que determinar si su cerebro estaba dañado y tenía el necesario desarrollo cognitivo para adquirir el lenguaje. Al principio el pronóstico era pobre pero pese a ello, empezó a progresar en todas las áreas. Al formularle preguntas o pedirle alguna actividad reaccionaba tarde, pero lo hacía, tenía un comportamiento perezoso, omitiendo frases o palabras para centrarse en lo primordial ayudándose de gestos o sílabas. Uso de expresiones faciales para ayudarse. Al cabo de un tiempo empezó a utilizar los tiempos verbales pasados, pero no lograba vocalizar correctamente. Con el tiempo también aprendió a controlar y expresar sentimientos.

Le hicieron muchas pruebas, demasiadas, descubrieron que la actividad de los hemisferios de Genie se limitaba en su mayor parte al derecho, encargado de la percepción espacial y visual. Obtenía resultados excepcionales en la identificación de caras. El lenguaje se inclinaba por lo visual recalcando los aspectos visuales de los objetos. El comportamiento de Genie al explorar objetos nuevos era propio de bebés de 20 meses, los tocaba, olía, se los llevaba a la boca.

Se descubrió que el hemisferio izquierdo era casi inactivo y los resultados de sus pruebas de habilidad eran las propias de una persona a la que se le hubiera extirpado el lóbulo. Se desconocía si esta anomalía era consecuencia de la falta de estimulación adecuada durante su desarrollo o bien una deficiencia de nacimiento.

La evaluación de los test referentes a las demás habilidades era muy satisfactoria. Destacando en tareas lógicas y discriminación de patrones.

Estuvo rodeada de investigadores durante muchos años, en principio estuvo con una doctora que la acogió en su casa y no dejaba que nadie se la acercara, ya que quería investigarla en profundidad, quiso adoptarla pero no la dejaron y luego paso cuatro años con un matrimonio de lingüistas que le enseño todo lo anteriormente expuesto.

Como ya he comentado más arriba, este caso tiene una implicación directa con la hipótesis de la existencia de un “período crítico” para la adquisición del lenguaje. Lennenberg fue el que formuló dicha teoría en la que postula que el desarrollo del lenguaje humano que va desde los dos años hasta la pubertad consta de dos condiciones para que se materialice, en concreto se refiere a la existencia de un cerebro humano y una estimulación lingüística adecuada.

El equipo de investigación no se puso de acuerdo en una línea coherente de investigación para este caso, el caso acabó siendo denunciado, las subvenciones fueron retiradas y se abandonó la investigación.

En el documental se hace referencia a la teoría innatista del lenguaje por parte de dos autores bastante cercanos en su forma de pensar, Chomsky sostiene que las estructuras mentales internas están en la base de nuestra capacidad para interpretar y generar lenguaje, el cual es un logro humano basado biológicamente.

La teoría innatista de Chomsky sostiene que las reglas gramaticales del lenguaje son demasiado complejas para enseñarlas directamente y para que las descubra un niño inmaduro congnitivamente.

Según él es necesario que los humanos nazcamos con un dispositivo de adquisición del lenguaje que permite a los niños combinar palabras en oraciones nuevas gramaticalmente consistentes y comprender el significado de las palabras que oyen. Este mecanismo de adquisición del lenguaje asegura que se adquirirá temprana y de forma rápida a pesar de su complejidad.

Esta teoría sostiene el lenguaje como una función específicamente humana, desarrollo muy poco el aspecto pragmático del lenguaje.

Por otra parte, Lennenberg decía que los niños deben adquirir el lenguaje durante un período crítico en el cual el cerebro todavía está madurando y desarrollándose. Esto apoya la teoría de que el lenguaje es una propiedad biológica.

Parece ser que los niños ferales o aislados, privados de estimulación lingüística muestran la existencia de este período crítico.

Este caso me parece aberrante a nivel personal, es inhumano lo que le hicieron a Genie tanto sus padres como los profesionales que llevaron el caso, fascinante desde el punto de vista sociológico y como estudio del aprendizaje de la lingüística y de las capacidades cognoscitivas de los niños, pero espero nunca encontrarme con un caso así, no me gustaría tener sobre mi conciencia un error tan garrafal en cuanto a forma de llevar un caso.

Y se le llamo “experimento prohibido” y con razón, no es ni ético ni moral investigar los resultados de apartar a un ser humano de la sociedad durante muchos años para estudiar y averiguar el desarrollo del lenguaje, psicomotor, social, afectivo, etc.

Es un caso evidente de maltrato, tanto físico, como sexual, familiar y profesional, un cúmulo de errores en el que estuvieron implicados muchas personas, muchos de ellos profesionales que se olvidaron de que estaban delante de una persona y se centraron en ella como un mero objeto de estudio, lo que me llama la atención en el documental es que no se ve a ninguno de los cuidadores mostrar afecto físico a la niña, no veo abrazos, ni caricias, ni besos, solo a gente fascinada por el caso, con afán de llevarse la fama y con una falta de ética impresionante.

El dilema moral de este caso es enorme, si por un lado querías hacer ciencia los intereses tenían que estar de lado, y si querías preocuparte por ella, la ciencia tenía que estar de lado, al parecer se centraron en la ciencia olvidando el componente integral humano, sometieron a la niña a demasiado estrés con tantas pruebas y sobre todo diferentes porque cada profesional la estudiaba desde su punto de vista, en vez de ponerse todos de acuerdo en un modelo de aprendizaje en concreto a seguir.

Fue adoptada por parte de un matrimonio con fines egoístas, para estudiarla, pero en cuanto la subvención fue denegada por parte del Estado alegando que la investigación no era concluyente y los resultados no eran del todo satisfactorios para el gasto que creaba, fue abandonada pasando por un periplo de hogares de acogida, donde siguió siendo maltratada sufriendo una involución en el progreso adquirido hasta entonces, optando por no hablar más con la ingenua idea de que si no hacía ruido estaría a salvo.

Creo que como profesional hubiera seguido una sola línea de investigación, me hubiera centrado más en el desarrollo integral de ella como persona e intentar que adquiriera unos conocimientos sociales para mejor adaptarse a la sociedad en vez de centrarme tanto en si el lenguaje es un factor biológico innato o si es consecuencia de un aprendizaje por fases.

Hubiera intentando centrarme más en enseñarle un lenguaje básico y gestual que le hubiera sido más útil como el Ameslan (que es el lenguaje de signos americano), creo que habría seguido aprendiendo ya que pese a tener el lóbulo temporal izquierdo dañado, el derecho lo utilizaba como una persona normal y habría llevado el aprendizaje por ese lado.

El error también está en los que llevaron la tutela de la niña, si se le hubiera encontrado un hogar medianamente decente y dónde se la hubiera querido y preocupado por ella, la historia hubiera tenido un final muy distinto.